“Sé que soy hueso y carne;
alma y conciencia; pueblo y sudor.
Con eso ya me alcanza
pa’ser un bruto que alza la voz”
José Larralde
Para quienes comulgamos con el proyecto nacional y popular que desde los albores de la patria se debate en una incansable lucha por lograr un Pueblo feliz y una Patria grande, analizar la voluntad del pueblo es un factor determinante a la hora de entender la situación política.
Pero es la linea histórica nacional y popular la única en poner al pueblo como centro de su accionar político. Muchos proclaman lucharon en favor del pueblo: comunistas, socialistas, anarquistas, entre otros. Según el significado de la palabra “popular” que da la Real Academia Española, es correcto que digan que su política tiene un caracter popular. Pero haciendo un análisis más cercano a lo histórico-político podríamos poner en duda esta idea.
El Pueblo, el Hombre que está solo y espera, sin duda es la suma de los hombres individuales que habitan un territorio organizado políticamente. Es este colectivo, la Nación, el soberano, quién da sentido a la palabra Patria. Ya decía don Scalabrini Ortiz “No hay patria sin Pueblo.” Y el General Perón en la gloriosa jornada del 17 de Octubre de 1945 “… porque al amar a la Patria, no amaremos sus campos o sus casa. Amaremos a nuestros hermanos de Nación.” Estas ideas tiene una contra partida: las ideas de la linea Rivadavia-Sarmiento, ampliamente difundida durante el siglo XIX, cuyas secuelas seguimos sufriendo aun en el siglo XXI. Según esa linea no es el Pueblo ni fuente de legitimidad ni de soberanía. No es el Pueblo el que hace a la Patria, sino por el contrari0 es está quien tiene que hacer al Pueblo según los lineamientos de la “civilización”, que no es otra cosa que lo que decía Europa en el siglo XIX, a la que se suma Estados Unidos en el siglo pasado. Aun se siguen escuchando estas zonceras de auto-denigración. Por ello debía “educar[se] al Soberano”, es decir aniquilarlo como le aconseja Sarmiento a Mitre en una carta o encarcelarlo y mandarlo a la frontera o matar a mansalva para aterrorizarlo, como se hizo en los comicios de 1857.
Pero además existen los populistas que no se identifican con el pueblo, muy por el contrario comulgan con la visión de la linea Rivadavia-Sarmiento, partiendo de la concepción de que el pueblo actúa como actúa (siguiendo su propia intuición, en vez de seguir las cosmovisiones importadas o auto-denigradoras) porque es ignorante, porque está alienado, porque lo compran con clientelismo, o con un chori, etc. No es el pueblo quien elije sino que es utilizado por su ignorancia y su ingenuidad por aquellos que lo dominan, afirman estas “corrientes populares”. Ellos también quieren “Educar al Soberano”. Reniegan de su pueblo, como Juan B. Justo, quien afirmaba que el proletariado argentino no hace política científica, como sí hacía el proletariado británico. Nosotros solo hacíamos política criolla, según él mucho más inferior que la primera. Así encontramos a integrantes de movimientos sociales, como Libres del Sur, cuando buscando algún punto de unidad entre nuestras visiones dispares de la realidad, para estar unidos en lo que compartimos y disentir en lo que no, mi hermano Fernando le dijo: “¿Pero ustedes son populares, no? Nosotros también, estemos con el pueblo los dos juntos aun en nuestras diferencias. -ante la duda en la respuesta agregó- “¿Pero vos estás con el pueblo, no?”. El muchacho ante la pregunto dijo con firmeza “¿Pero el Pueblo está conmigo?” Mi hermano sorprendido le contesto que quién era él para pretender que el Pueblo lo siga. Que, él siendo que se llamaba a sí mismo nacional y popular, debía preocuparse más por entender al pueblo que por tratar de hacer que el pueblo piense como él.
El pueblo, entiendo, no se equivoca. Elige sabe lo que quiere, con una intuición increíble. Algunos intentan retrucar esta afirmación recordando al gobierno de De La Rua, elegido por mayoría en 1999. Gobierno que verdaderamente fue un fracaso, en 1 año y medio desaparecieron 30.000 millones de dólares del Banco central, algún incauto podrá pensar que se usaron en favor del pueblo y la patria. Realmente si hubiera sido así no se entiende por qué se pidió más deuda con el blindaje; por qué se intentó arancelar las universidades, se les redujo 13% a empleados públicos y jubilados. Pero bueno, esa es otra historia. Ahora, les pregunto a los que afirman esto ¿De verdad creen que la gente que votó a De La Rua, de a haber sabido que no solo no iba a cambiar el modelo del gobierno de Menem, como decía, sino que iba a profundizar precisamente lo que le criticaban, lo hubieran votado? Por eso duró tan poco. No pudo sostenerse porque no representaba a nadie. Los que lo votaron se sintieron defraudados, los que no lo votamos entendíamos que tampoco representaba nuestros intereses. Al pueblo le pueden decir que van a hacer una cosa y después hacen otra, pero no él se equivoca, sabe lo que quiere.
La diferencia principal de estas dos formas de entender la militancia por el pueblo radica en la posición en la que uno se ubique con respecto protagonista del drama político. Nosotros los peronistas entendemos que somos pueblo, que somos importantes en la medida que entendamos que somos uno más del pueblo. Scalabrini Ortiz dice: “Yo solo soy un tipo cualquiera que se sabe un tipo cualquiera.” La misión de los intelectuales, de los políticos, no es modelar al pueblo. Por el contrario es dejarse modelar por este. Es entender sus anhelos, sus intereses, sus sueños. Hacerlos carne en uno mismo. En la medida en que logremos ser fieles intérpretes del pueblo vamos a recibir el cariño y el apoyo del pueblo. Es el carácter principal de los caudillos. La historia oficial, escrita por los enemigos y los asesinos del pueblo y sus caudillos, nos enseña que los caudillos con demagogia confundían a los ignorantes para que los sigan a morir por ideas ajenas a ellos mismo. Nada más lejano de la realidad. El General Facundo Quiroga, el tigre de los llanos, uno de los caudillo más importantes de la historia argentina, vivió y murió luchando por la santa causa de la federación, pero él mismo en una carta afirma creer que la mejor forma de organización política para el país era la unitaria, pero como el pueblo era federal, él no lo traicionaba y hacía suya la lucha del pueblo ¡Ahí tiene un ejemplo de dirigente popular!
El 05 de Junio de 2009 fui a plaza Las Heras para participar de un homenaje al Gral. Juan José Valle y los fusilados del ’56. No eramos más de treinta, entre otros se podía contar a sobrevivientes del levantamiento del ’56 y parientes del Gral. Valle. Al ser yo un novel militante peronista, a pesar de haber mamado la militancia desde el vientre de mi madre, nunca había concurrido a un homenaje al Gral. Valle y los fusilados de Suárez. Como me sentí en deuda con ellos fui a rendirles homenaje, a pesar de mis discrepancias con la postura de los organizadores respecto de la política actual. El acto fue emotivo y cumplió con su cometido. Lo cierto es que también los escuché hablar de cosas como “verdadero peronismo”. Yo me preguntaba cómo entender un “verdadero peronismo” cuando en plena democracia hacés un acto y el principal ausente es el pueblo ¿Con qué soberbia tenés que pararte frente al pueblo peronista, que votamos a este gobierno, para decirnos que no sabemos lo que es el verdadero peronismo? Aprendamos de Quiroga muchachos…
Ellos y todos aquellos que se dicen populares pero con ideas que no sigue el pueblo, deberían empezar a mirar la realidad desde abajo, desde el pueblo. Señores populares dejen el elitismo que les hace mirar al pueblo desde arriba, desde arriba del hombro ¡como los oligarcas!